Ante los problemas seamos como el café – Fundación Carlos Vallecilla Borrero

Ante los problemas seamos como el café

27 junio, 2022

Había una vez un joven al que la vida le pesaba enormemente. Creía que todo se ponía cuesta arriba y que nunca sería capaz de superar los obstáculos. El joven se deprimió y dejó de intentarlo todo.

– ¡Estoy cansado de luchar! – le dijo a su padre- Cada vez que soluciono un problema, aparece otro.

Su padre no dijo nada, pero llenó tres ollas con agua y las puso al fuego. En la primera olla, echó zanahorias. En la segunda, huevos. Y en la última, unos granos de café. El hombre dejó hervir durante un tiempo el agua en las ollas. Después apagó el fuego de todas. Escurrió las zanahorias y las colocó en un plato. Lo mismo hizo con los huevos. Y por último, coló el agua que hervía con los granos de café y al momento un delicioso aroma inundó la habitación.

– Hijo- le dijo entonces el hombre- Estos tres elementos se han enfrentado a las mismas adversidades, el agua. Pero cada uno ha reaccionado de forma diferente:

Las zanahorias parecían ser duras, pero el agua las ha reblandecido y han perdido su fuerza. Ahora son débiles. Y los huevos… los huevos parecían frágiles. Su interior era líquido y el agua lo ha endurecido en extremo. Pero si te fijas bien, el café, sin embargo, ha cambiado el color, el aroma y hasta el sabor del agua. Ha sido el único capaz de reaccionar utilizando a su favor las adversidades.

Y dime, hijo, ¿tú quién quieres ser? ¿Quieres ser como la zanahoria que entristece y se viene abajo ante la adversidad? ¿Tu corazón se convertirá en una piedra y endurecerá como le sucedió al huevo? ¿O vas a ser como el café, capaz de transformar los problemas?

Entre las reflexiones que nos deja este pequeño relato vemos cómo la actitud que tomamos ante un obstáculo, la forma en la que nos enfrentamos a los problemas es determinante a la hora de resolver conflictos y seguir avanzando en la vida. Los obstáculos nos ayudan a crecer, pero para ello, debemos aprender a ser como ese grano de café que inundó de aroma el agua de la olla. ¿Cómo?:

Ante las adversidades pongamos nuestro pensamiento en positivo, pues lamentarnos por los problemas no servirá de nada. Sin duda, lo único que conseguirá es que nos hundamos mucho más y no seamos capaz de avanzar, que nos quedemos estancados en un mismo punto.

Cuando nos enfrentamos a un problema y sentimos que éste nos supera y nos debilita, estamos comportándonos como esa zanahoria que se reblandeció en el agua. Nos creemos fuertes, invencibles, pero ante el primer imprevisto, comenzamos a debilitarnos y terminamos siendo frágiles ante cada nueva adversidad. Esto se hubiera solucionado con pensamiento positivo, con perseverancia y con confianza en uno mismo.

A veces las decepciones, las frustraciones y los objetivos que no llegan nos hacen daño. Claro que duelen. Pero si dejas que tu interior se vaya endureciendo como “el huevo luego de ser hervido”, perderás la capacidad de mostrar empatía y te desilusionaras ante la vida. Un corazón duro no reacciona, ni ante lo malo, ni ante lo bueno que también trae la vida. Hace que te vuelvas terco y cierres las puertas al aprendizaje. Un corazón duro se protege del dolor, pero al cerrar la puerta a la vida también se pierde todo lo bueno que nos regala cada día.

Sin duda, la mejor opción es ser grano de café. Esto nos ayuda a utilizar a nuestro favor las adversidades, a convertir los obstáculos en oportunidades, a transformar un momento de crisis en aprendizaje. Si eres grano de café, podrás transformar los problemas, convertirlos en algo bueno o útil. Crecerás y además serás capaz de transformar la vida de otros, porque como el aroma del café, tu actitud sonriente ante la vida también se propagará a los que estén cerca de ti.

El cuento es de Estefania Esteban (Periodista y escritora de literatura infantil).

Psicóloga: Licenciada Tania Cova.

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